SOS COSTA GRANDE
MISAEL TAMAYO HERNÁNDEZ in memóriam
Ya están acabando de auditar al auditor. No es un trabalenguas, amable lector, lectora; esto es el colmo del auditor Ignacio Rendón Romero, el hombre que lleva dos sexenios cuidándole las uñas a los alcaldes, al gobernador, a los secretarios, y hasta al rector de la UAG, lo mismo que a todos los organismos públicos descentralizados que manejan dinero público.
Se supone que en 15 días se tendrán resultados, y sólo entonces podremos saber si Rendón Romero se queda o se va. Y si se va, nos gustaría saber quiénes más se irán con él o si, como siempre ocurre, el hilo se va a reventar en ese punto tan delgado.
Nos interesa el caso del auditor, porque de su ronco pecho podrían saldrán muchas cosas que ahora ignoramos, y que nos daría una idea de la magnitud de la corrupción en el que nos enlodamos todos los días.
Pero un amigo ayer me decía que no nos hagamos ilusiones, porque lo que un despacho privado está revisando, es el manejo del dinero para la operación de la Auditoría General del Estado (AGE), pero no los modos de corromper que había desarrollado Nacho Rendón; es decir, la forma en que sometía a los también corruptos alcaldes, diputados, gobernador, secretarios y otro tipo de fauna política, para que satisficieran sus ambiciones, como buena prostituta de la política, a cambio de hacerse ojos ciegos a las anomalías en que incurrían.
Sería fabuloso conocer a fondo, por ejemplo, aquel escándalo del robo de más de 100 millones de pesos a la Universidad, en tiempos del ahora diputado Nelson Valle, y con el padrinazgo del extinto Armando Chavarría Barrera, su protector y amo. Quisiéramos saber cómo actuó don Armando, en un contexto en el que sabía que se le estaba quitando dinero vital a la máxima casa de estudios del estado, y cuánto de ese dinero le correspondió.
Aunque, a decir verdad, ya no cuenta tanto el dinero, porque ya se lo robaron, sino el guión de cada novelón, el papel que le tocó a cada uno de los implicados y cómo fue que nadie fue a parar a la cárcel por semejante robo al pueblo, delito que ahora se dice, para no herir susceptibilidades “desvío de recursos públicos”.
También quisiéramos saber cómo se le sostuvo alzada la guillotina por tanto tiempo al ex dirigente de la sección XIV del SNTE, Natividad Calixto, para que no pisara la cárcel por un multimillonario robo al Fondo Previsión Social del magisterio. Tanto lo protegieron que Calixto fue nominado diputado plurinominal por el PANAL, para concederle el fuero que necesitaba, a fin de que evadiera la acción de la justicia por otros tres años.
Sin duda que para los políticos ratas, Ignacio Rendón no es un rufián, sino un antihéroe, pero héroe al fin, al que tuvieron que embarrarle las manos para que les aceptara documentación apócrifa en la que se simulaban inversiones.
Pero, como son las cosas, cuando el árbol cae, todos hacen leña. Y ahora, aquellos corruptos que tuvieron que contratar los servicios del jefe de la “Tapaduría”, lo señalan que les pidió dinero sin considerar que en la penitencia va confesado el pecado. Y si no, que nos expliquen por qué la inmensa mayoría de las cuentas públicas de los 81 municipios, correspondientes a 2007, fueron rechazadas.
