SOS COSTA GRANDE

MISAEL TAMAYO HERNÁNDEZ in memóriman

Esta semana ha sido de incertidumbre para los guerrerenses, pues las autoridades de Protección Civil han estado en alerta en los últimos dos días, en que se intensificaron los temblores en las costas del estado, pero también en Tierra Caliente.

De acuerdo con el reporte de los expertos, entre la tarde del miércoles y la mañana del jueves, fueron registrados seis sismos en diferentes puntos del estado y en el vecino Michoacán.

Previamente, el lunes 18, se registró un sismo de 3.7 grados en la escala Ritcher, con epicentro en Acapulco.

Con los registros de ayer jueves se contabilizaron 36 sismos en lo que va del año 2010 en el estado, sin considerar lo que se han registrado en otras entidades como Chiapas, Jalisco y Michoacán, siendo el de mayor intensidad uno de 5.6 grados en Ciudad Hidalgo, Chiapas, ocurrido el lunes, el cual tuvo dos réplicas menores ese mismo día.

Tales signos de inestabilidad en el litoral del Pacífico no dejan de ser preocupantes para el estado. Incluso, las autoridades eclesiásticas han retomado el caso de Haití para sugerir que en Guerrero se tomen precauciones, ante la posibilidad de que se registre un sismo de gran magnitud.

La versión de los expertos es, sin embargo, que a mayor número de pequeños temblores se reduce la posibilidad de que ocurre un gran sismo, ya que la energía de las placas tectónicas se libera paulatinamente.

A pesar de ello, otras versiones indican que para liberar la energía suficiente que evitara un gran sismo, se requerirían 400 pequeños sismos por día, tan sólo en uno de los puntos críticos que se han reconocido para Guerrero.

Lo que bien conviene, y en eso debemos poner atención todos los ciudadanos, es en organizar nuestra vida para que el impacto de un posible gran sismo sea el menor posible. Es decir, que en familia se diseñen los planes de evacuación, dependiendo de la hora, pues la rutina del día es distinta a la de la noche, cuando se está dormido y con las puertas de la casa cerradas con llave. Es en las horas de la noche cuando el peligro de ser sorprendidos por el movimiento telúrico se incrementan.

Una guía básica de manejo de esta situación, para los padres de familia, incluye la instalación de una alarma lo suficientemente alta que ayude a que los pequeños despierten. Ellos deben reconocer ese sonido y adiestrarlos para que lo relacionen con una situación de emergencia. Es decir, que un pequeño sepa que si escucha sonar la alarma, entienda de inmediato que tiene que levantarse y salir corriendo por la ruta de evacuación que le ha sido mostrada. Así se evitará que los padres tengan que ir a cada recámara a sacar a sus hijos, perdiendo el tiempo precioso que debe usarse en la evacuación, e incrementando el riesgo para todos.

Otro aspecto a tomar en cuenta para situaciones nocturnas, es dejar la llave pegada en la puerta de salida, ya lista para girar la cerradura, en lugar de quitarla y dejarla en cualquier parte, pues eso nos metería automáticamente en una ratonera, o nos haría perder tiempo valioso en la búsqueda.

La otra parte fundamental, dicen los expertos, es que se adopte por lo menos una ruta de evacuación en nuestros hogares y que ésta se mantenga despejada, para que el escape sea rápido y sin contratiempos. Si es posible hacer dos o tres, sería mejor, pues eso daría posibilidades de desalojo para todos los miembros de la familia, dependiendo el punto en donde se encuentren al momento del siniestro.

Por obviedad, se debe buscar la ruta más corta hacia la calle, o disponer de un patio interior en el que habrán de concentrarse todos los miembros de la familia, hasta que pase la emergencia, siempre alejado de paredes altas, muebles pesados, cables de electricidad, fuentes de gas y productos inflamables, u otros objetos que pongan en riesgo la vida.

Es una verdad que los guerrerenses y los mexicanos en general, somos poco proclives a la cultura de la prevención, tanto en nuestra vida pública como en nuestra vida privada. Tal vez por eso los desastres generan tantas pérdidas.

Todos esos pequeños sismos debemos tomarlos como una alerta, como un periodo de entrenamiento, que nos permita ir tomando las precauciones necesarias. Y aunque hay quienes suponen que cada quien muere cuando Dios quiere, al menos no debemos renunciar al instinto de sobrevivencia y, sobre todo, en el caso de los adultos, garantizar el menor impacto de un desastre para nuestros hijos.

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