LEGALIZAR DROGAS

Desde que comenzó el combate frontal en contra del narcotráfico, se ha suscitado una polémica entre los especialistas del tema, sobre todo en el sentido de que debe de legalizarse el consumo de drogas a fin de que termine el cuantioso contrabando de narcóticos en nuestro país, con el propósito de que disminuyan los hechos de sangre de los últimos años en varias entidades de la nación, que aún prevalecen pese a la intervención del Ejército Mexicano y Armada de México, que son fuerzas más confiables.

Algunos citan como ejemplo de la baja intensidad en el consumo de alcohol en los Estados Unidos, allá a principios del pasado siglo 20, cuando lo capos lo contrabandeaban en inmensas cantidades, y que presuntamente disminuyó cuando se legalizó la venta de bebidas que vendían hasta adulteradas entre la clientela, lo cual era un millonario negocio clandestino.

El problema de este consumo era de que también los cuerpos policíacos de ese país estaban infiltrados por los contrabandistas del alcohol y su venta se realizaba a escondidas, debido a que estaba prohibida para la población en general y, al igual que ahora, el pleito por las plazas de compra era sangrienta entre los grupos de vendedores, al mando de muchos poderosos.

Lo mismo que sucede en estos tiempos con la droga, la clase política estadounidense también tenía nexos y protegía a los jefes de la mafia de contrabandistas de alcohol, así como los mandos menores de la administración pública de ese país, con numerosos asesinatos cotidianos.

Ante la corrupción existente en todos los niveles del gobierno de esa nación, norteamericano también surgieron fuerzas especiales que combatían a los contrabandistas, entre ellas las que encabezaba el ya famoso Elliot Ness, un detective que casi logró terminar con esas bandas.

En México no tenemos a un Elliot Ness ni mucho menos y, lo mismo que en Estados Unidos, se desconoce quién en realidad combate a los narcotraficantes y quiénes les dan protección desde altos cargos de la política y hasta entre las fuerzas del Ejército y Marina, porque de los cuerpos policíacos ni qué decir, debido a que son los más corruptos.

El problema de la legalización de las drogas en México no es que de esa forma se termine el problema de la compra-venta en nuestro país, con lo cual también se incrementaría el consumo desde la niñez, sino que aumentaría la producción de enervantes o psicotrópicos por todos lados.

Además, no es garantía de que se terminen los crímenes sin nombre por la forma en que torturan, matan y descuartizan a los miembros de las bandas contrarias, porque quizá finalizaría el contrabando en nuestro territorio.

El conflicto consiste en que no en todos los estados del vecino país del norte está legalizado el consumo de drogas, hacia donde iría siempre la mexicana, y esa prohibición haría que continuaran los asesinatos, como los de ahora, por el pleito de aquellas plazas, que seguirían en plena disputa, y lo peor es que el uso de enervantes y psicotrópicos aumentaría en México.

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