SOS COSTA GRANDE

 

 

 

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

La clase politicoide en el estado vive intensamente dos polémicos asuntos: la alianza PRD-PAN, que Jesús Ortega le quiere imponer al estado, y la iniciativa para que las personas del mismo sexo se casen y puedan adoptar hijos.

De lo primero, los priístas se rasgan las vestiduras y señalan con dedo flamígero que la alianza es anti histórica, anti ideológica y anti todo. De los derechos de los gays y lesbianas, ya dijo la mayoría priísta en el Congreso local “No” a las adopciones de niños y cerraron con ello un tema que amenazaba con encenderse en este año electoral.

El caso es que el mero jerarca del PRD, Jesús Ortega, vino a Guerrero a hacer realidad el sueño de la clase empresarial que nos gobierna con las siglas del PRD: la alianza con Acción Nacional, que también se concretará en otros estados, pensando que este partido tiene una firme base política, y sin tomar en cuenta que, en realidad, el panismo ha ido creciendo a fuerza de oportunismo electoral; es decir, ese partido ha sido el punto para canalizar a grupos inconformes de otros partidos, poniendo a trabajar a los pocos fieles panistas que existen, por ejemplo en Guerrero, los que toda la vida han puesto cara de chacape para que el pueblo acepte la ideología blanquiazul, y quienes ahora navegan contracorriente ante el fracaso, primero, de la era foxista y ahora de la era calderonista.

El país se hunde y el PAN irá a su mínima expresión. Luego entonces, no vemos ninguna ventaja en la alianza que promueve Jesús Ortega (no solamente para Guerrero, sino para otros estados que están proceso electoral), y que apoyará ampliamente el empresario acapulqueño Luis Walton Aburto, al menos para nuestra entidad.

Los perredistas tendrán que tener estómago de hierro para aceptar el maridaje con el PAN. Incluso, no hay garantía de que esta alianza será próspera, por su misma incongruencia. Apenas en 2006, la confrontación era irreconciliable, y hay una coalición de partidos de izquierda formando el gobierno legítimo que encabeza Andrés Manuel López Obrador, y esos mismos partidos participan en la Convención Nacional Democrática.

El engendro que resulte de la alianza PRD-PAN, de verdad será una aberración, como ya lo vimos en la era PRIANISTA, cuando el tricolor se puso de aliado del PAN, tan sólo para mantener sus privilegios como fuerza política. A su vez, el PAN usó al PRI para soterrar al PRD a la nada, particularmente en la legislatura surgida de los comicios de julio de 2006, en que habiendo resultado el PRD como segunda política, no se le concedieron los espacios de poder que merecía en el Congreso de la Unión, gracias justamente al madruguete ejecutado por el PRIAN.

A su vez, la Doña Beti Paredes se desgarra las vestiduras criticando algo que antes le benefició: su alianza con Acción Nacional. Ahora que este partido les es indiferente, porque sienten que ya tienen medio cuerpo en Los Pinos, el PRI se puso de novio con Nueva Alianza, el partido que se mandó a hacer como traje a la medida la lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, una alianza que también apesta desde su concepción, pero que dará muchos votos de qué hablar. No en balde el SNTE es el sindicato más grande de América Latina. De paso, el PRI mantiene en su casa chica al partido del Niño Verde, prácticamente nada más de aparato porque su plataforma es muy pobre.

Poniéndonos en los zapatos de los azules, ¿qué razones tendrían para aventurarse en un proyecto político de la mano del PRD?

Resulta obvio que en estos maridajes no hay amor, sino conveniencia. Si el PAN acepta una situación de esta naturaleza, es porque necesita un tanque de oxígeno para no perder los pocos espacios que todavía le quedan.

En resumen, nada cambia: la política sigue siendo un lodazal.

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