FURIA NATURAL
Lluvias atípicas causaron estragos en varios municipios de la entidad desde los días jueves hasta el sábado de la semana pasada, cuando durante más de 48 horas, en algunos caos, cayeron sobre su cielo, lo cual causó daños entre ciudadanos que viven en zonas de alto riesgo que nunca esperaron hubiera inundaciones en estos primeros días del año, aunque se diga que “febrero loco y marzo otro poco”, en cuanto a la forma en que se presenta el clima.
En esta ocasión la capital del estado, Chilpancingo, fue las más afectada debido a que se desbordó en el margen derecho la presa de Cerrito Rico, y de no haber abierto una compuerta los daños hubieran causado, quizá, desgracias mayores, como la pérdida de seres humanos que por fortuna no se presentaron, salvo en la sierra de Tlacotepec, donde una mujer fue arrastrada por las aguas, que es la información de que se dispone todavía.
Pero en la capital, fueron cerca de 700 viviendas las que se inundaron durante el arrastre de las aguas de la sierra, que bajaron hacia la pera, la cual no se desbordó totalmente, pero al menos en once colonias sí hubo daños materiales que pueden resarcirse, pero no las vidas que ahí estaban.
En otros municipios, sobre todo de la región de la Montaña, los fuertes vientos que azotaron se llevaron techos de lámina de cartón, asbesto o de lámina galvanizada, que dejaron a la intemperie a decenas de familias.
En Chilpancingo, la constante deforestación, lo mismo que varios municipios del estado, ha provocado que a falta de árboles adultos hagan que se pierda el agua, en lugar de retenerla en los mantos acuíferos a fin de que estos se llenen y abastezcan las fuentes que consumen cientos de miles de ciudadanos, principalmente de las grandes ciudades, medias y pequeñas.
Lo peor ocurre en donde se concentran miles de habitantes de otras zonas que no encuentran trabajo en sus lugares de origen y que se van a las ciudades hacia donde se llevan a sus familias y lo primero que hacen es asentarlas en zonas federales prohibidas, como son las orillas de los ríos.
La necesidad obliga a la gente a buscar dónde fincar, aunque sea con viviendas endebles, y establecerse con sus familias, porque resulta más caro pagar renta que contar con algo propio, aunque sea muy peligroso.
La falta de empleo, la emigración y el instalarse en zonas de alto riesgo hacen que se pierdan no nada más las casas de lámina, cartón y madera, sino también vidas que se encuentran en su interior, pese a que se les indica con anticipación de que ocurra un desastre en esos sitios, lo cual omiten, y cuando se presenta la fuerza natural es demasiado tarde para remediarlo.
Aún no estamos en época de lluvias, pero lo acontecido es solamente un aviso para quienes viven sobre los cauces de los ríos, que no nada más tienen pérdidas materiales, sino de seres querido. Esto debe originar que las autoridades busquen soluciones previas y que la gente tome conciencia.
