SOS COSTA GRANDE

 

 

 

Misael Tamayo Hernández in memóriam

Ya quiero ver al chavarrista Rogelio Ortega auditando la rota administración de Arturo Contreras frente a la UAG, como lo prometió hace dos días en Chilpancingo, frente a los filósofos.

Le vamos a pedir que ya encarrerado el ratón, se pase a las administraciones de Nelson Valle y Florentino Cruz, ambos conocidos por manirrotos e ineptos, pero protegidos por el finado Armando Chavarría Barrera.

Traigo a colación aquel escándalo que se ventiló poco antes del asesinato de Armando Chavarría, cuando se dijo que éste había intervenido ante el auditor general, para que se hiciera de la vista gorda en un multimillonario desfalco a la UAG, en tiempos de Nelson Valle, untándole las manos con 3 millones de pesos.

Digo, es políticamente correcto prometer si se está en un proceso electivo, pero lo que no se vale es darse con la roca en el hocico, toda vez que para que ese grupo político plantee transparencia administrativa en un organismo que es autónomo, se debe primero ver si se tiene la suficiente calidad moral para señalar la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Es decir, cuando hablo de autonomía, me refiero a que los recursos que se ejercen en la UAG son prácticamente inauditables, y los rectores se convierten más que en los administradores absolutos, en los reyes de la máxima casa de estudios del estado, fuera del alcance de la Auditoría General del Estado, o del Congreso mismo, que es donde se ejerce la representación social del pueblo de Guerrero.

Se le agradecería mejor a Rogelio Ortega, que propusiera al Consejo Universitario que se abrieran a la rendición de cuentas de manera absoluta, transparentando los procesos de asignación de recursos y quedándose solamente con una autonomía académica y de organización plena, pero nada más, tal y como se hace en otras entidades, pues no se puede tener ese tipo de privilegios cuando esas instituciones se financian con recursos públicos, los cuales son “de todos”, pero al mismo tiempo de nadie.

Si en los gobiernos municipales, por ejemplo, teniéndose el grillete de la auditoría en los pies, los alcaldes roban a manos llenas, no queremos imaginarnos el nivel de los desfalcos que se alcanzan en la UAG. Pero no hace falta ser fantasiosos, basta mirar los planteles de la universidad, el rezago en el nivel medio superior, el altísimo porcentaje de rechazados en las carreras, y la existencia de grupúsculos políticos voraces al interior de la misma, para darnos cuenta del nivel que ha tomado la corrupción.

Y si se piensa que el nuevo rector va a solucionar este problema, está enteramente equivocado. No estamos hablando de hacer enchiladas, porque se requiere triplicar el presupuesto de la universidad para que se comiencen a sentir algún cambio, siempre y cuando no se roben el dinero.

Esa expectativa de cambio la levantó Arturo Contreras, y ahora se dice de él que es el mejor rector que ha tenido la universidad después de aquel que emprendió el proyecto Universidad-Pueblo, Rosalío Wences Reza, tan sólo porque ha estado llevando pequeños equipos a las preparatorias, ancestralmente abandonadas, que operan peor que cualquier escuela primaria, y mucho menos adaptadas a las nuevas tecnologías que las telesecundarias.

Desde luego, de algo a nada, mejor algo. Pero no se trata de hacer política barata, mientras que con la otra mano se roba a manos llenas, se privilegia a los allegados y se infla la nómina de aviadores.

Muchos escándalos han estado latentes en este rectorado de Arturo Contreras, pero dudamos que Rogelio Ortega, de ganar en marzo próximo, no haga su propio feudo, como también ocurrirá si gana Ascencio Arrizon. O sea, que gane el que sea, al fin que será más de lo mismo. Y siempre abajo se encienden los ánimos, mientras arriba, ellos se ponen de acuerdo.

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