SOS COSTA GRANDE

Misael Tamayo Hernández in memóriam

La crisis económica por la que atraviesa el país, trajo a discusión el tema de las fiestas tradicionales de los pueblos, y la participación de las autoridades en su financiamiento y organización. Las opiniones son encontradas, sobre todo porque los psicólogos sostienen que es en tiempos de crisis cuando los individuos y los pueblos requieren de las actividades que les nutran su sentido de pertenencia, algo que la televisión y la transculturización nos ha ido robando. En estricto sentido, en un contexto de crisis de cualquier tipo, es cuando los humanos más necesitan de hacer actividades en comunidad, a fin de superar los efectos del estrés y el desencanto.

La Iglesia Católica bien que ha comprendido este fenómeno a lo largo de los siglos, y permitió el sincretismo religioso en nuestro país, haciendo que los pueblos originales se manifestaran de acuerdo con su propia cosmovisión, pero en honor de los santos católicos. Esto dio lugar a lo que ahora llamamos el “turismo religioso”, que atrae a turistas de todo el mundo a los santuarios de México, y en los que se mezclan la oración dentro de los templos, con el culto al cuerpo fuera de ellos. Y todos bien felices y contentos.

No obstante, cuando el asunto se observa desde un punto de vista meramente económico, y a pesar de los beneficios sociales que las fiestas populares puedan traer consigo, se deduce que deben ser canceladas, sometiendo al pueblo y al gobierno a una política de austeridad total.

Decía mi padre que harto ayuna el que no come, en alusión a que un pueblo pobre está siempre bajo el yugo del hambre y la carencia de todos sus satisfactores.

Traigo a colación es frase sabia, para referirme al garlito que se armó por la organización del carnaval de Zihuatanejo, el cual es un acontecimiento que esperan distintos sectores, y que está a cargo de un comité organizador.

La denuncia de la regidora Ana Lilia Jiménez Rumbo, es interesante cuando señala que el carnaval se está convirtiendo en un negocio entre particulares, y que desautoriza que el gobierno municipal le inyecte recursos públicos a esta fiesta.

Con la pena, pero por angas o mangas, nunca una fiesta popular es autosuficiente en su conjunto, por lo que es necesario que el sector público también participe, a través de subsidios, para no dejar toda la carga a los ciudadanos. Sí hay espacios que dejan ganancias, como las plazas de toro, los bailes, los gallos y las carreras de caballo, por decir algo, pero dada la complejidad de la organización, esos espacios se venden a empresarios con la suficiente experiencia para ofrecer algo de calidad, y con la suficiencia solvencia económica para absorber las pérdidas, en caso de que sea necesario.

Extraña la actitud de la regidora, porque no debe ni puede prohibir el subsidio, sino solamente la transparencia de los recursos. Ahí sí se le deben explicaciones no solamente al Cabildo, sino al pueblo entero. Y, sobre todo, se debe buscar que haya una programación de calidad, que se tengan eventos sin costo para el pueblo, y que los patrocinadores aporten regalos para los asistentes, con el fin de que se haga una fiesta lo más equitativa posible para vecinos y turistas y que, al mismo tiempo, cumpla con su cometido de cohesionar a esta que es nuestra sociedad azuetense.

Si el carnaval de Zihuatanejo resultara un fraude, por la pésima calidad de sus eventos, y a pesar del dinero público que se le invirtió, entonces los organizadores deberán ser llamados ante el Cabildo; es decir, los regidores deberán hacer uso de su facultad de fiscalización del dinero que es de todos, pero sin caer en el protagonismo de “desautorizar” el subsidio a la fiesta.

El Cabildo también puede verificar el destino de las ganancias, sea que se dejen en fondo para el año siguiente, o que se inviertan en alguna obra de beneficio colectivo, particularmente de embellecimiento de nuestro puerto, como ya se hacen en pueblos como en Ciudad Altamirano, donde con las ganancias de la Expo Altamirano se han pavimentado calles, se han construido aulas en escuelas y hasta se han comprado camiones recolectores y compactadores de basura, siendo esta fiesta ejemplo para muchos otros pueblos.

Ahí dejo la reflexión. Zihuatanejo merece un carnaval de altura, como el de Mazatlán, el de Veracruz y, por qué no, el de Río de Janeiro.

Blog Widget by LinkWithin
Compartir informacion:
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Add to favorites
  • email
  • MySpace
  • Reddit
  • Twitter
  • Wikio
  • Live
  • Meneame


 

© 2010 • Powered by Mapamondo (mapamondo @ gmail.com)