SOS COSTA GRANDE

 

Misael Tamayo Hernández in memóriam

Febrero nos sorprendió con un fuerte incremento de la actividad sísmica. Según Protección Civil del estado, en 45 días se han registrado unos 100 sismos en Guerrero, de los cuales la Costa Grande y Acapulco ocupan el primer lugar.

Y nos preguntamos si las autoridades se están limitando a contar los sismos, o si ya se tiene avanzando un plan de protección familiar y comunitario, o al menos un proyecto para reducir el impacto de un gran sismo.

El Servicio Sismológico de la UNAM reporta que el grueso de los 288 sismos registrados a nivel nacional en lo que va del año, en su mayoría se han registrado en los estados del Sur-Sureste del país, con predominancia en Guerrero y Oaxaca. Es decir, vivimos los guerrerenses en una zona con fuerte actividad sísmica y desde el gobierno del estado se está anunciando desde el año pasado, que es alta la probabilidad de que se registre un sismo de 8 grados en la escala Ritcher, lo que podría ser devastador, si consideramos que el que ocurrió el 12 de enero en Haití fue de 7 grados Ritcher.

Mi interpretación es la siguiente: El “enemigo” es el sismo, y el “juego” que estamos jugando todos es la estrategia de la predicción, en lugar de optar por la de control del riesgo sísmico.

Los sismólogos están lanzando constantemente la alerta, con base en sus registros, pero no estamos haciendo nada por prevenir. Se están inyectando recursos a la investigación y monitoreo, pero nada al control de daños.

Es decir, la invulnerabilidad en caso de desastres naturales no existe, por lo que resulta infructuoso predecir las movidas del enemigo, y sólo podemos pugnar porque los daños sean mínimos.

¿Es acaso buena la estrategia que apuesta a la predicción mientras nuestras ciudades, nuestros edificios, nuestros puentes y nuestras carreteras se siguen cayendo en los temblores? Es tanto lo que no se sabe en el aspecto de prevención, que puede parecer contraproducente tratar de ganarle el juego a un enemigo que se conoce tan poco, sobre todo porque la zona sísmica es muy amplia. Así, si nos preparamos para el gran sismo en Guerrero, nos puede golpear en cualquier otro lugar.

Estoy de acuerdo y usted lo estará conmigo, amable lector, en que hay mucha investigación por hacer, pero ésta debe enfocarse a medir, por ejemplo, la respuesta de los materiales geológicos en movimientos fuertes, a fin de que las autoridades adecuen su marco legal de construcciones, ciudad por ciudad.

Siempre cada temblor trae sorpresas para los sismólogos y geólogos, porque los científicos tienen muchos problemas todavía no resueltos. Los que están a favor de poner más atención en el amortiguamiento de daños que en la predicción, coinciden en que si no hubieran existido edificios de 7 a 20 pisos de alto en una pequeña zona de 25 kilómetros cuadrados en el Distrito Federal, el sismo de 1985 no hubiera hecho noticia.

Lo mismo sucedió en Haití, donde la magnitud del temblor fue menor a la del sismo de la Ciudad de México y, sin embargo, causó mayores daños, debido a la improvisación en sus construcciones.

Cito aquí algunos ejemplos de tecnología que podrían usarse para controlar el riesgo sísmico en nuestras ciudades:

“a) Amortiguadores sísmicos. Como es sabido, las inclinaciones de los edificios en el sismo de 1985 han sido hasta diez veces mayores de lo que se calculaba. Es importante reducir estas inclinaciones durante los sismos futuros. Esto es factible. La instalación de un amortiguador pasivo de tres toneladas en la azotea de un edificio de quince pisos puede reducir el movimiento hasta en un 60, lo que basta para que el edificio no se caiga.

El principio es el mismo del amortiguador de un coche: un bloque de concreto corre sobre rieles al interior de un tinaco lleno de agua. Al sobrevenir un temblor el bloque se desplaza dentro del agua disipando energía y reduciendo el movimiento del edificio. Cada amortiguador tiene resortes y puede sintonizarse al período exacto de vibración del edificio, lo que representa una gran ventaja para México puesto que los períodos de vibración son conocidos y son los mismos en casi todos los temblores, cualquiera que sea su epicentro.

“b) Cojinetes amortiguadores. Otra tecnología interesante es la de los cojinetes de amortiguamiento que se usan en las cimentaciones de los edificios con el objeto de aislarlos de las vibraciones sísmicas. Son bloques de hule que contienen láminas de plomo y son capaces de soportar cargas de muchas toneladas. Su efectividad ha sido comprobada especialmente en sismos vibratorios de alta frecuencia; pero también están siendo proyectados para un edificio de Teléfonos de la Ciudad de México.

“c) Refuerzos. La tecnología de refuerzos para edificios sísmicamente dañados ha tenido un importante desarrollo en México después del sismo de 1985. La experiencia mexicana sin duda es de las más importantes del mundo”.

Aspectos como estos podrían comenzar a tomarse en cuenta en el caso de hoteles de nuestra bahía, y en los edificios de departamentos. Los gobiernos municipales también, deben adecuar sus reglamentos de construcciones y comenzar a inspeccionar aquellos que por viejos representen serios riesgos de derrumbes.

En resumen, falta todo por hacer para prevenir los daños del sismo que se nos ha anunciado, porque hasta ahora nos hemos enfocado a escuchar las predicciones sin fecha de los sismólogos.

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