SOS COSTA GRANDE
Misael Tamayo Hernández
Luego del gran sismo en Chile, los guerrerenses y los mexicanos en general debemos poner nuestras barbas a remojar. El sismo en esa nación sudamericana ocurrió a poco más de un mes de que se registró el fatalísimo sismo en Haití, donde murieron por lo menos 200 mil personas habiendo sido de menor magnitud, contra las menos de mil de Chile, por razones tan obvias como la pobreza, la concentración poblacional, la falta de planeación en la urbanización y la falta de vigilancia en las edificaciones.
Acapulco, Zihuatanejo, Chilpancingo, no están lejos de la realidad de Chile. Y, sin embargo, la única dependencia que pudiera hacer algo al respecto, Protección Civil Estatal, está trabajando con las uñas. Han conseguido, eso sí, modelar la prestación de ese servicio, algo que los gobiernos priístas no atendieron; ahora se tienen cuarteles de policía y protección civil, cuando antes los preventivos estatales eran los que más lástima daban. Se han creado cuadrillas de rescatistas, bomberos, buzos y hasta expertos en combate de abejas africanas o incendios forestales, que trabajan diez días por diez de descanso.
Pero, insisto, ese esfuerzo sigue siendo insuficiente para dar cobertura a todos los aspectos que demanda la protección civil, y la mayor parte del trabajo se hace más por buena voluntad que debido a los buenos sueldos o prestaciones.
Faltaría, por ejemplo, contar con un grupo de expertos en ingeniería civil a fin de que puedan valorar el riesgo de casas y edificios, y puedan rendir alguna recomendación para que los propietarios las acaten. Sería necesaria, también, la participación decidida de los ayuntamientos, donde las oficinas de Protección Civil son de adorno, igual que las de ecología, salud y educación.
Pero particularmente, hace falta dinero para contratar más personal y equipo. Bien lo dijo ayer ante diputados la titular del ramo, Nubia Sáyago, a quienes reclamó que a pesar de que Guerrero se localiza en dos zonas de alta y muy alta sismicidad, en el presupuesto de Egresos no se contempló dotar de mayores recursos a la dependencia.
Si nos fijamos, en Chile pocas casas se derrumbaron, en comparación con lo sucedido en Haití, y en comparación con el sismo de 1985 que sucedió en Guerrero pero que lesionó severamente al Distrito Federal. Además, al menos la mitad de las víctimas no ocurrieron durante el temblor, sino debido a inundaciones en las costas, por el tsunami que provocó el movimiento telúrico.
Ayudó, tal vez, que el sismo se registró en el sur de Chile, una zona casi despoblada, con poblaciones pequeñas, de apenas decenas de miles de habitantes, y amplias regiones de cultivos forestales y de viticultores.
Decíamos que debemos poner nuestras barbas a remojar y comenzar a hacer esfuerzos en lo individual, si queremos que el sismo que se prevé será similar al de 1985, resulte menos letal. Reforzar nuestros hogares, construir salidas de emergencia en casas, oficinas, fábricas y empresas, y practicar con la familia la forma más correcta y rápida de evacuar en caso de un sismo, es algo que sí podemos ir haciendo como ciudadanos.
Y, como decía mi padre, lo demás depende de Dios.
