SOS COSTA GRANDE
(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
Guerrero es un estado con alta vocación turística, pero solamente tiene una playa certificada, la del Palmar, en Zihuatanejo. A lo largo de 9 años, desde 2003 en que se implantó el Programa Nacional de Playas Limpias a nivel federal, Guerrero se ha quedado rezagado a diferencia de Jalisco, por ejemplo, que ha izado banderas blancas en 5 de sus playas.
La buena noticia ahora es que el gobierno del estado lanzó este año un programa para avanzar en este sentido y ha incluido las playas de El Morro, Icacos y Revolcadero, todas de Acapulco, en el Programa Nacional de Playas Limpias, en el que confluyen diversas dependencias federales, Conagua y Sermanat, Turismo y la Secretaría de la Marina, los gobiernos estatal y municipal y turisteros.
De entrada, la premisa básica es “proteger la salud de los usuarios y mejorar la calidad ambiental de las playas nacionales”. Los involucrados, entre ellos los propietarios de condominios, hoteles, comerciantes y hasta los ambulantes, participan, coordinados desde el gobierno, en un comité que se encarga de que se hagan los muestreos en el agua, y que se haga la limpieza general de las playas, rastreando y cribando incluso la arena.
Pero visto desde un punto de vista más amplio, coincidimos con el plan de la Conagua, que considera que ese programa debe ser menos sujeto a lo sanitario y más ambicioso en lo ecológico, en lo turístico y en lo competitivo a escala internacional, que tiene que ver con el equilibrio integral de las cuencas hidrológicas en lo general, y el ordenamiento del territorio turístico de que se trate.
Es cierto, y lo hemos expuesto ampliamente en este medio, que el crecimiento y desarrollo de las playas de Guerrero no ha sido producto de una correcta planificación, y el costo a pagar por esa negligencia ha sido elevado. La pérdida de nuestra diversidad biológica es evidente, lo mismo que los problemas de contaminación en esteros, playas, lagunas y ríos, ya que la dotación de servicios básicos de agua potable, alcantarillado y recolección de basura, siempre son posteriores al desarrollo de colonias y comunidades.
Zihuatanejo es ejemplo de ello. Innumerables colonias han surgido de la noche a la mañana vía la invasión de terrenos, con la complacencia de las autoridades, que no atinan a hacer valer el estado de derecho. Lo grave no únicamente es la invasión de terrenos en sí, donde se tipifica el delito de despejo, sino las consecuencias ambientales y sociales que se enmascaran en esas prácticas de corrupción y coyotaje de terrenos con alto valor.
La propuesta de la Conagua incluye a las partes altas de las cucas hidrológicas, de donde bajan los desechos y contamnantes que van a parar al mar. “Si no tenemos bosques limpios, no tendremos nunca playas limpias”, se dijo desde 2009.
Sin embargo, este plan de la Conagua, expuesto por su entonces director general José Luis Luege Tamargo, no ha prosperado. Fue un tiro al aire. Ningún gobierno hizo los campos pertinentes y es hora que en México solamente se tienen 14 playas limpias, una de las cuales es El Palmar, de Zihuatanejo.
El Proplayas ha demostrado ineficiencia precisamente en el renglón del saneamiento de aguas. Los comités instalados en el país, han fallado cuando se trata de mantener en los niveles que marcan la norma, la contaminación por enterococos fecales, problema que aumenta en la época de lluvias por la lógica creciente de ríos y arroyos, y el arrastre de basura, drenajes y elementos tóxicos que se usan intensivamente en la agricultura.
Es un hecho que el programa ha resultado demasiado caro y poco efectivo, que falta más participación de la iniciativa privada y de los gobiernos municipales pero más aún que se atienda el problema de manera integral, trabajando desde las partes altas hacia las partes bajas. Trabajo titánico, desde luego, pero lógico y más prometedor. De lo contrario, seguiremos como el tío Lolo.

