LECTURA POLÍTICA

Noé Mondragón Norato
El acuerdo político Monreal-Zeferino
De pronto, el panorama político le cambió al ex gobernador Zeferino Torreblanca. Porque de intentar convertirse en alcalde de Acapulco por segunda vez, su pretensión se encuentra enfocada ahora, en la candidatura a senador por el PAN. Lo anterior no es un simple rumor: de acuerdo a destacados miembros de las tribus perredistas “es el espacio desde donde le puede hacer un daño significativamente menor al PRD”. Y uno de los actores políticos clave para entender la desactivación de este escenario, así como el titubeo del ex mandatario perredista en la actual coyuntura electoral, es el ex gobernador de Zacatecas y actual senador por el Partido del Trabajo, Ricardo Monreal Ávila, quien fue también el principal operador de campaña del propio Zeferino, cuando éste buscó y ganó el gobierno estatal en febrero de 2005. El predicamento político en que se encuentra el ex mandatario guerrerense tiene sus propias lecturas.
LAS AMENAZAS DE MONREAL.- En los hechos, Ricardo Monreal sigue siendo un activo político importante del aspirante presidencial perredista, Andrés Manuel López Obrador. Y emigró al PT por orden expresa de éste último. En su nueva faceta política, es obvio que anuda y desanuda algunos hilos importantes de las relaciones de poder en ese partido. Cuatro son fundamentales para entender el prolongado silencio de Zeferino Torreblanca: 1.- Monreal ya debió dejarle en claro algo muy importante al hoy aspirante panista a la senaduría o bien, a la alcaldía de Acapulco: el proyecto político del peje para disputar el estratégico municipio, lo representa el empresario gasolinero y dirigente nacional del Partido Movimiento Ciudadano, Luis Walton Aburto. Una eventual postulación de Zeferino como candidato a la comuna porteña por el PAN, le quitaría no solo muchos votos a dicho empresario, sino que fracturaría definitivamente la de por si, maltrecha relación entre López Obrador y Zeferino Torreblanca. Y contribuiría desde luego, a que el PRI la retenga. 2.- El mensaje político enviado por el senador zacatecano petista el pasado jueves, justo en el registro de Walton como aspirante a la alcaldía acapulqueña, es elemental: no solo lo acompañaron algunos perredistas que comulgan con el proyecto de López Obrador, sino fundamentalmente, notables piezas pertenecientes al equipo político del ex gobernador, entre las que figuran los ex diputados locales, Carlos Álvarez Reyes y Gisela Ortega Moreno. Y lo anterior más que como suma a la causa waltista, se lee como advertencia. 3.- El también ex gobernador de Zacatecas por el PRD, conoce todos los secretos que rodearon la elección de 2005. Los financiamientos claros y oscuros que llegaron a esa campaña perredista por el gobierno estatal. El caudal de compromisos adquiridos. La forma truculenta como ocurrieron algunos episodios políticos inconfesables. En cierto modo, Monreal tiene agarrado de sus partes más íntimas a Torreblanca Galindo. Y esa sería justamente, la condicionante más importante de esta soterrada negociación: disuadirlo de ir a la competencia por la alcaldía de Acapulco. A cambio de que los silencios y las complicidades sobre asuntos delicados de la agenda pública, permanezcan sin ser ventilados. Y en política este tipo de secrecías del poder pueden más, que cualquier escándalo mediático. 4.- En esa tónica, el ex mandatario estatal perredista duda y se confunde. Juega a las escondidas y se oculta prolongadamente en el anonimato. Los panistas se han convertido en sus principales voceros. Lo defienden y justifican sus errores como gobernante. Le soban la espalda. Pero es obvio que su aspiración ha cambiado. Una señal es indicativa de ello: la inconformidad que comienza a mostrar el ex titular de Sagarpa, Jorge Camacho Peñaloza, ante la eventualidad de que su ex jefe lo desplace de la curul senatorial. Porque es evidente que Zeferino pudo acordar con Monreal, su declinación para ir como candidato del PAN por Acapulco. Sencillamente, no quiere meterse en más líos de los que ya tiene. Ese es el punto.
HOJEADAS DE PÁGINAS…Los normalistas de Ayotzinapa evidenciaron que su calidad académica está por donde se le vea, muy empobrecida. Una situación lo confirma: maniobraron ante la SEG para dejar la evaluación de 7 como el promedio mínimo para el ingreso a esa normal, semillero de los futuros maestros. ¿Saldremos así del atraso educativo en Guerrero?…La única “virtud” del alcalde priísta de Chilapa, Sergio Dolores Flores, es haber intoxicado a más de 700 acarreados indígenas hace unas semanas. Pero el PRI lo premiará por esa “denodada y plausible labor”, con el regreso a la curul local de donde salió sin haber aportado nada al proceso democrático guerrerense. Solo una interminable y voraz ambición personal. Es ese el nuevo PRI de Peña Nieto.
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