LECTURA POLÍTICA

Noé Mondragón Norato
Zeferino: pagar por errores, no por corrupción
El problema más visible del ex gobernador Zeferino Torreblanca, no gira en torno a la corrupción que permeó a toda su administración, sino en no aceptar ni reconocer su fracaso en términos de medición y alcances democráticos para un pueblo abnegado y sufrido que confió ciegamente en él, tras la expulsión del PRI del poder público guerrerense. Y ese es precisamente el punto: de haber generado la transición y no solo la alternancia democrática, la historia lo estaría juzgando de una forma diferente. Más allá de los ajustes de cuentas y de las venganzas del poder. Ahí fue donde falló. Pero se necesita leer con exactitud sus acciones para coincidir en que, como demócrata, el ex gobernador perredista perdió. Porque los métodos y los estilos políticos son como las huellas dactilares de los grandes delincuentes.
LAS CONTRADICCIONES.- En su perorata ante miembros del grupo Cuicalli de Chilpancingo, el ex gobernador perredista se defendió como siempre lo ha hecho: con gráficas que solo él entendió. Y luego, asumiendo una actitud intolerante –muy propia e inherente a su personalidad-, se lanzó contra quienes lo cuestionaron. Incluso, contra la prensa. Pero el asunto central se ubica en otro lado: A) La democracia no estriba nada más en generar un cambio de siglas partidistas en el ejercicio de la función pública. Implica ante todo, extirpar las frutas podridas de las que el sistema político se ha alimentado desde hace más de 7 décadas. Y Zeferino nunca lo hizo. Al contrario: alentó la impunidad y la corrupción que hoy le están reventando. Porque los grupos del poder político y empresarial no buscan un gobernante justiciero o demócrata; les preocupa ante todo, contar con un buen socio instalado en el poder público. B) Al inicio de su sexenio, el ex mandatario anunció que “podaría los árboles grandes y pequeños”. Pero solo lo hizo con los últimos. Porque los grandes florecieron y se expandieron generosamente durante toda su administración. Un dato lo confirma: anunció la exhibición de los llamados libros blancos del sexenio del priísta y hoy aspirante a senador, René Juárez. Y cuando destapó dos cloacas –las del Invisur y la Secretaría de Salud- se desistió ir al fondo de las investigaciones. Y solo conservó aquellos expedientes comprometedores que le sirvieron para neutralizar a sus adversarios políticos. Ahí encajó por ejemplo, el del ex edil de Iguala y actual titular de la Secretaría de Salud, Lázaro Mazón Alonso. C) Cuando el actual gobernador, Ángel Aguirre, comenzó a detectarle todas sus irregularidades financieras, Zeferino Torreblanca, lo tomó como un ajuste de cuentas político, más que como deber democrático. Llegó al extremo de admitir que Aguirre “había roto reglas no escritas de la política entre los gobernadores en turno y saliente”. Quiso decir con ello, que el gobernador saliente debía guardar silencio en torno al nuevo gobernante. Y éste último, también. Es en los hechos, una confesión de parte. Porque al demandar silencio y complicidad, Torreblanca admitió implícitamente todos los excesos e irregularidades cometidas por él y su equipo. D) El ex gobernador evalúa que por el hecho de no haber dado dinero a la prensa, ya era un demócrata. Pero la corrupción floreció por millones de pesos en los contratos de compra-venta de sus funcionarios, en la maloliente asignación de obra pública, en los desvíos de recursos de los programas federales y en el manejo discrecional del presupuesto. ¿Podría la prensa local absorber toda esa corrupción, convertirse de pronto en la villana y justificar lo injustificable? E) Los crímenes de todo tipo florecieron también durante esta nebulosa alternancia. El que más resaltó fue el del extinto diputado por el PRD, Armando Chavarría. Al renunciar a la aplicación de la ley con firmeza, el ex mandatario perredista estaba de algún modo, alentando la violencia. Y eso significaba una invitación permanente a la anarquía. ¿Era esa la concepción democrática que aplicó? Pero hay algo peor: Zeferino no tendió los puentes para suavizar el arribo de Ángel Aguirre al gobierno estatal, apelando al uso de esa soberbia que siempre lo caracterizó. Con ello confirmó que a los políticos se les castiga y exhibe no por el monto del hurto, sino por sus errores.
HOJEADAS DE PÁGINAS…El diputado local perredista, Faustino Soto Ramos, admitió que el aspirante a la alcaldía de Acapulco, David Jiménez Rumbo, intenta presionar y negociar con Luis Walton, el precandidato del PT-PMC, “porque es el aspirante natural a la alcaldía”. La pregunta es ¿qué tanto encareció la negociación el propio Faustino, para expresar sus apoyos políticos al empresario gasolinero? Porque es obvio que no son gratuitos.
dragonato@hotmail.com

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